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lunes, 28 de marzo de 2016

DELiCADEZA... Y NO TANTA:








LA COLUMNA

Paradojas penitenciales

Siempre que se termina la Semana Santa me acuerdo del jubilado que, paseando por el centro en un lunes como este, le decía a otro: “Ya hemos vuelto a la normalidad”. La ciudad volvía a ser suya, como de todos los que durante esta semana y un día (medida de condena) sentimos que nos la han secuestrado las procesiones. Algunos se van, otros nos quedamos: obligados a circular por las afueras.
El martes o el miércoles, al llegarme la ráfaga de un locutor ufano en una retransmisión, me dije: ¿y si los penitentes auténticos fuésemos nosotros, los que no vivimos la Semana Santa? En ciudades enfáticas como las andaluzas (hablo desde Málaga), más que la penitencia predomina la autosatisfacción. La retórica de los devotos es netamente ombliguista. La pena por los tormentos de Cristo y por su muerte en la cruz no es impostada: solo que va en un contexto de disfrute, de regodeo. Somos los demás los que nos vemos con el pie cambiado, en una incomodidad que ni siquiera lleva una filosofía (y menos una teología) adjunta.
Por otra parte, me parece bien que sea así. No pretendo que mis gustos (ni mis disgustos) tengan efecto legislativo. Hago cuestión de poder expresarme; pero mis críticas no han de traducirse en la aniquilación de lo que critico. Ni siquiera lo anhelo: prefiero mantenerme en esta franja en que se dan juntos aquello que me incomoda y mi incomodidad. Aunque observo que cada vez menos gente acepta situarse en esta tensión: hay una moda narcisista de querer convertirlo todo en espejo. Naturalmente, se trata de otra de las manifestaciones del nihilismo.
Algo se nos contagia, con todo, la simbología imperante. Y es un contagio que no viene solo de los alrededores, sino además del tiempo pasado: de nuestra infancia. Sube como un petróleo de la antigua fe, con un resultado al menos poético. En nuestra huida del centro, por las playas distantes, en el Torremolinos turístico o la lejana Galicia, por los promontorios del extrarradio o las calles ajenas de los suburbios, somos nosotros los que portamos al Cristo muerto, al Dios en el que no creemos; somos nosotros su ataúd y su sudario, en nuestra deriva procesional privada, sin público.
Se da la paradoja de que somos también nosotros, los no creyentes, los que más sentimos a partir del domingo la resurrección. Tras nuestra retirada volvemos al centro, como el jubilado aquel, con la sensación de que lo estamos estrenando: nuestra novedad es la vuelta “a la normalidad”. La coincidencia con el cambio de hora añade este año otra sensación: la de que es al propio día al que le ha resucitado un trozo. Volvemos a una ciudad con menos noche. (w.ww.elespanol.com) 
                                           
                               

lunes, 21 de marzo de 2016

En el DíA MUNDiAL de la POESíA


NiÑEZ (Jorge Guillén)

Disparada inocencia de albor animal,
Destello de joya en bullicio,
Diamante impaciente que canta,
Pájaro nítido:
Llévanos tú bajo los soles
Que te descubren y dan sus dominios,
Arrebátanos en tus ráfagas
De paraíso,
Elévanos
A la alegría sin tacha de tu infinito.

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 ALTO JORNAL (Claudio Rodríguez)

Dichoso el que un buen día sale humilde
y se va por la calle, como tantos
días más de su vida, y no lo espera
y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto
y ve, pone el oído al mundo y oye,
anda, y siente subirle entre los pasos
el amor de la tierra, y sigue, y abre
su taller verdadero, y en sus manos
brilla limpio su oficio, y nos lo entrega
de corazón porque ama, y va al trabajo
temblando como un niño que comulga
mas sin caber en el pellejo, y cuando
se ha dado cuenta al fin de lo sencillo
que ha sido todo, ya el jornal ganado,
vuelve a su casa alegre y siente que alguien
empuña su aldabón, y no es en vano.

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      IMPULSO (José Moreno Villa) 

De prisa, de prisa:
lo que se cayó, no lo cojas.
Tenemos más, tenemos más;
tenemos de sobra.

¡De prisa! ¡De prisa!
Lo que nos robaron, no importa.
Tenemos más, tenemos más;
tenemos de sobra.

¡Derechos, derechos...!
No te pares; coge la rosa
y a la mendiga del camino
dale la bolsa;
porque, amigo, tenemos más;
tenemos de sobra.

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TORNO… (Blas de Otero) 

Torno
los ojos a mi patria.
Meseta de Castilla
la Vieja, hermosa Málaga,
Córdoba doblando la
cintura, mi Vizcaya
de robles y nogales
pinos y añosas hayas,
clara Cataluña, puro
León, lenta Granada,
Segovia de oro viejo,
Jaen ajazminada,
Moncayo azul, altivos
Gredos y Guadarrama,
blanca Vinaroz,
Extremadura grávida,
patria de pueblo y pan
partido injustamente.


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¿SABES QUE UN PAPEL PUEDE…? (Ángel González)

¿Sabes que un papel puede cortar como una navaja?

Simple papel en blanco,
una carta no escrita

me hace hoy sangrar.

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viernes, 11 de marzo de 2016

miércoles, 2 de marzo de 2016

martes, 1 de marzo de 2016

Como en la picaresca

http://hemeroflexia.blogspot.com.es/


28 de febrero de 2016


Como en la picaresca

 “EL cine sí es cultura”, proclamó el director de la Academia de Cine en la última gala de los Goya, y unos minutos después  la multitud de los espectadores, puesta en pie, vitoreaba una antología de planos abracadabrantes de las películas de Mariano Ozores, a quien se premiaba esa noche por el conjunto de su obra. Desde luego que esas películas y los valores éticos y estéticos que en ellas se defienden son en sentido estricto cultura, sólo que abyectos. Nadie le convencerá a uno de que  no representan lo peor de  la España franquista y posfranquista y su jactancioso desprecio de la excelencia. Estaban dirigidas, por el contrario, a un público cerril, el único que podía celebrarlo con unas carcajadas fáciles, pero  seguramente muy rentables para muchos de quienes estaban en aquella gala premiando a su director, agradecidos.

No debiéramos generalizar nunca, y si el colectivo del cine ha dejado entre nosotros memoria de algunas actuaciones miserables (cómo olvidar aquel “No a la guerra” en otra gala de los Goya, en la que los actores se negaron a ponerse también la pegatina de “No al terrorismo”), también nos hace entrega de vez en cuando de algunas obras maestras. Pero ahora sólo hablábamos de un género, clásico ya, el de “la gala de los Goya”. 

Como en todo género, hay  insistencias, números musicales, homenajes, y sobre todo, sátiras. Las de este año resultaron extrañas: aunque el cine es de todos, se descojonaron, en el más puro estilo Ozores, del currículo académico del ministro de Cultura, sólo porque este era de derechas, o peor, sólo porque aquel era apabullante, y piropearon a una alcaldesa, sólo porque era de izquierdas, justo el día en que dos titiriteros, al fin y al cabo del gremio de muchos de los allí presentes y contratados por ella, entraban en la cárcel por enaltecer el terrorismo, Gora Alka-Eta...

“El cine sí es cultura”, proclamó el actual director de la Academia (el anterior en el cargo está imputado por fraude, y mira que no era la ocasión para hacer unos bonitos chistes). Y sí, el cine es cultura... o no. Por eso el peor servicio que puede hacérsele a la cultura, y al cine, es pasar por ella lo que sólo es una industria o un negociejo para ir tirando, como en la picaresca. 

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 28 de febrero de 2016]