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jueves, 27 de julio de 2017

QUE NO ES UN ARCO: ¡QUE ES UN CÍR.....!

El arco iris es un círculo, aunque nunca lo hayas visto

Un vídeo grabado desde una grúa en San Petersburgo muestra cómo se ve un arco iris desde el aire

ViDEO en:
https://elpais.com/elpais/2017/07/26/videos/1501085765_589067.html 

miércoles, 26 de julio de 2017

El carro de heno:


Difícil de creer

Un grafiti de Banksy es la obra de arte preferida por los británicos

'Niña con el globo' se impone a célebres cuadros de John Constable y J. M. W. Turner y esculturas de Antony Gormley

'Niña con el globo' de Banksy.
'Niña con el globo' de Banksy.


El grafiti de una niña a la que se le escapa de las manos un globo con forma de corazón del famoso artista Banksy es la obra de arte preferida de Reino Unido, según una encuesta.


La pintura realizada con plantilla Balloon Girl (Niña con el globo), que apareció junto a una tienda del este de Londres en 2002, lidera una breve lista de las mejores obras de arte británicas, votada por 2.000 personas. La obra fue retirada y vendida en 2014 por unas 500.000 libras (560.000 euros, 651.000 dólares). El paisaje pastoral de John Constable La carreta de heno (1821) aparece en segunda posición, seguida de The Singing Butler, una pintura de 1992 de Jack Vettriano.

El Temerario remolcado a su último atraque para el desguace (1839), de Joseph Mallord William Turner aparece cuarto en la lista, y El Ángel del Norte, una escultura de 1998 de Antony Gormley colocada junto a una importante carretera del sur de Newcastle, quedó en quinta posición.

En el top 20 aparecen tres portadas de discos: la realizada por Peter Blake para el álbum de The Beatles Sgt Pepper; la de Hipgnosis y George Hardie para el LP Dark Side of the Moon, de Pink Floyd; y la cubierta del disco de Sex Pistols Never Mind the Bollocks, de Jamie Reid.


El doodle de Google


martes, 25 de julio de 2017

JJ.OO. Barcelona-92 y el truco de la flecha





'Crónica' habla con el dueño de la flecha, Reyes Abades.
Reyes Abades es el dueño de la flecha: "Esto es oro aunque sea chatarra", reconoce. 
Nos cuenta toda la verdad de la ceremonia de inauguración y por qué la flecha no está en el Museo Olímpico de Barcelona.
Álbum: 
Así se conserva la flecha de Barcelona '92

A escasos metros de un terraplén, en la localidad extremeña de Castilblanco,Crónica descubre el último enigma que dejaron los Juegos Olímpicos de Barcelona 92: ¿qué fue de la flecha que encendió el pebetero aquel famoso 25 de julio de hace ahora 25 años? El icono puntiagudo con el que un arquero,Antonio Rebollo (1955, Madrid), inauguró la cita deportiva se perdió entre llamas ese día a ojos del mundo al mismo tiempo que dejaba un rastro imborrable en la historia de las Olimpiadas. Desde entonces, sólo se conocen réplicas, no la auténtica flecha que encendió los primeros JJOO celebrados en España. El misterio termina en este pueblo pacense que linda con la provincia de Cáceres. Aquí encontramos a Reyes Abades (1949, Castilblanco), el hombre que nos aclara todo en una calle que lleva su propio nombre. Lo hace en su casa mientras sostiene en sus manos la célebre flecha, ahora chamuscada y ligeramente doblada por el impacto.
¿Cuántas manos han tocado esta flecha desde aquel día?
Muy poquitas. Yo, mis hijos, mi mujer, algún miembro de mi equipo y ahora usted... La mandé traer ayer por la tarde desde Torrejón de Ardoz para que pudiera verla -explica al periodista.
En el municipio madrileño se encuentra la empresa con la que este hombre de 68 años ha forjado su reputación como el mejor especialista de efectos especiales cinematográficos en España. Prueba de ellos son sus nueve Goyas -en 1992 ya contaba con dos por las películas Ay, Carmela, de Carlos Saura, y Beltenebros, de Pilar Miró, y tres años después ganó otro por El día de la bestia, de Álex de la Iglesia- y una Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Pero dice él que el efecto especial más importante que ha hecho en su vida es esa flecha que todos vimos volar el 25 de julio de 1992, el día de su cumpleaños. Fue su invento, un truco que tenía que engañar a todos. Y así fue. Por eso apostilla: "Esto es oro aunque sea chatarra. Es patrimonio de mis hijos".


Reyes Abades, el padre de la flecha que dio vida a los Juegos, siempre la ha tenido en su poder. Salvo en el segundo y medio que su creación tardó en recorrer los 86 metros de distancia previstos. Nunca acabó dentro del pebetero porque la "magia", como él llama a esto, consistía en que tenía que pasar de largo.
Todo estaba medido al milímetro. Recuerda la vida de esa flecha en el salón donde nos acoge, entre numerosos relojes que cuelgan de una pared y que remarcan el paso del tiempo. Precisa cada dato, cada instante del truco que tan poco duró, mientras introduce punzadas de visceralidad con su vehemente gesticulación. Como si hiciera partícipe a quien le escucha de los escasos segundos en que su flecha atrapó la atención de todos. Su polo negro con el logo de Reyes Abades Efectos Especiales S.A. ayuda a imaginarle en acción aquella noche. Era 25 años más joven. "Llevaba días y días diciendo dónde había que poner la cámara, donde no se viera el truco. Y ordené que no hubiera más planos", exclama. Llega el momento. Son las 22.40 del 25 de julio de 1992. Montjuic se oscurece y una música compuesta por Angelo Badalamenti -creador de la banda sonora de Twin Peaks- acompaña al ex baloncestista Juan Antonio San Epifanio Epi mientras éste da media vuelta al estadio y cruza el césped entre los deportistas. Es entonces cuando aparecen los dos grandes protagonistas. El arquero y la flecha. El hombre encargado de dispararla es Antonio Rebollo, de 36 años, ebanista, Medalla de Plata en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 84 y Medalla de Bronce en los de Seúl 88. Las secuelas de una poliomielitis cuando era niño le produjeron una disminución física en sus piernas que le dejó una leve cojera. Pero como arquero era bueno, disciplinado. "No se quejó nunca en los ensayos, si le quemaba, si la flecha era demasiado larga. Hacía lo que se le pedía y fue el único que entendió que aquello era un efecto especial", dice Reyes Abades. Antonio Rebollo no sólo era el más preciso de los candidatos. A diferencia del resto, él vivía en Madrid y podía ir todos los días a Torrejón de Ardoz a practicar. "Yo necesitaba a alguien así", afirma el especialista.
Tuvo que tirar más de 1.000 flechas antes de encontrarse en aquel estadio abarrotado con la definitiva. La protagonista de aquel inolvidable instante fue creada a finales de julio después de que Reyes Abades hiciera modificaciones una y otra vez. Diseñó hasta ocho tipos distintos y pidió un estudio de previsión del viento de los últimos diez años para idear la flecha perfecta; unos 100 gramos de peso con un tubo de 109 centímetros fabricado en Estados Unidos y un cono de aluminio que soportaba un viento de 20 kilómetros por hora especialmente diseñado por su amigo Fernando Tobar, de Mecanizaciones Infe, en Alcalá de Henares. "Hacer uno de estos supone unas cinco horas en el torno", explica Reyes Abades. ¿El precio? Unas 15.000 pesetas (90 euros) cada cono.

"Perseguir y perseguir"

"Para hacer esta flecha hay que ser atrevido", añade hoy. Porque el principal problema desde que empezó a trabajar en ella fue que todas se apagaban. Hubo varios antes de él que lo intentaron, y fracasaron. "Yo nunca creí que ésta fuera la definitiva. Dimos con ella 20 días antes de la inauguración". El motivo por el que, a diferencia de otras, ésta cumplió su misión fue por un sistema de apertura de oxígeno que fue perfeccionando poco a poco. Lo hizo perforando la punta con una broca de un milímetro para que entrara el aire justo y mantuviera la llama durante el disparo. Aquella obra de ingeniería quedaba rematada con otro cono interno que atenuaba la fuerza del aire en el punto exacto. "Hasta dar con esto hubo que perseguir y perseguir. Empezamos perforando dos milímetros en los conos y fuimos variando. Más, menos, más...", sentencia. Persiguió su obra maestra desde el mes de abril de 1992, cuando el encargado de la producción de la ceremonia, Salvador Pons, acudió a él por teléfono para que obrara el milagro.

Aquella noche de sábado veraniego, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos, Reyes Abades portaba ese milagro puntiagudo. A su lado, su hijo Óscar, que tenía 16 años en ese momento, con el líquido secreto que había compuesto a base de éter ("y el resto no se lo puedo decir", advierte) para que prendiera la flecha. Se la pasa a Antonio Rebollo instantes antes de que Epi llegue con la antorcha. Mientras Abades sujeta en la mano una flecha de reserva, el arquero enciende la suya. En su cabeza, 12 segundos. El tiempo que tenía para tomar posición, tensar el arco y tirar. "Yo sabía que no me podía pasar ni quedarme corto de ese tiempo porque se apagaba. Eso la gente no lo sabe. Lo tenía mecanizado", comenta.
Calcula en su cabeza. Se sitúa en las marcas que han establecido. Apunta con la llama en vilo. Y dispara. Es el fin entre el arquero y la flecha. "Yo tiré, y aquí paz y después gloria", dice Rebollo. En menos de dos segundos aterriza al otro lado del muro del estadio. Lo hace en un perímetro cerrado. "Allí había dos personas de mi equipo que se encargaban de recoger la flecha. Como siempre se hizo en todos los ensayos anteriores desde que empezamos. En menos de cinco minutos la flecha ya estaba en mi mano. La metimos en un saquito y la pusimos en el camión". Se sentó allí, con la flecha a su lado. Y se vino abajo. Ni la observó. "En ese momento me dio un bajón y lo único que pensé fue: Ay, la hostia, si esto hubiese salido mal...", recuerda.
Al día siguiente, aquel preciado objeto viajó hasta Torrejón de Ardoz, donde permaneció hasta 1995 junto a otras armas que Reyes Abades había diseñado para sus películas. En 1993, con motivo del primer aniversario de las Olimpiadas en Barcelona recibió una carta que le instaban a ceder la flecha. Nos la muestra en un álbum donde recopila todo lo que tiene que ver con ella. Y lee el contenido: "Le supongo conocedor de la próxima apertura del Museo Olímpico de Barcelona coincidiendo con la celebración del primer aniversario de los JJOO de Barcelona 92. Como comprenderá, el poder disponer del arco y las flechas utilizadas en la ceremonia de inauguración es un elemento fundamental para completar la colección del museo. Por indicación de los señores Pepo Sol y Salvador Pons, nos ponemos en contacto con usted y mucho le agradeceríamos el envío del arco y la flecha, que según nos han informado, obran en su poder".
Obran en su poder porque son suyos, como así lo dice el contrato que firmó, y del que nos señala un párrafo: "Reyes Abades Efectos Especiales suministrará las flechas para el entrenamiento de los dos arqueros designados para llevar a cabo el encendido del pebetero. Asimismo, supervisará el entrenamiento de ambos arqueros en el uso de sus flechas". Y remacha: "De mis flechas".

"No son formas"

Tras leer la carta, llamó por teléfono enfurecido para pedir explicaciones. "Porque esas no son las formas. La gente que ha escrito esto no sabe lo que representa esta flecha", dice. Puso condiciones económicas para asegurarse que le fuera devuelta. 15 millones de pesetas de depósito. "Me dijeron que si estaba loco", explica. A los dos meses recibió una nueva misiva insistiendo, a la que ya no respondió. La flecha le acompañó en su casa de Castilblanco desde 1995 a 2013. Y entonces regresó a sus estudios de Torrejón de Ardoz hasta la visita de Crónica.
Para él, el misterio de la flecha nunca lo fue, porque nadie, salvo un periódico catalán, le preguntó hasta hoy. No descarta que algún día, ese objeto regrese a Barcelona. Pero con garantías. De aquella célebre hazaña, guarda un recorte de un diario deportivo sin firmar. Se la dio un amigo. Le leo en voz alta: "En el fondo, ésa era la gran vedette de la noche, ni la Caballé, ni el Príncipe de Asturias, ni Alfredo Krauss, la flecha, un hermoso dardo de duraluminio templado diseñado por Reyes Abades, extremeño de 42 años muy conocido en ambientes cinematográficos. Imagino yo que puesto a soñar, hubiera preferido darle a su tierra extremeña la primera autopista, el primer aeropuerto, pero el destino es caprichoso, y a él le ha tocado pasar a la historia como el hombre que hizo la flecha de Barcelona 92". Reyes Abades se enjuaga sus ojos humedecidos y pasa a la siguiente página del álbum mientras la flecha quemada descansa sobre su mesa.

Richard Serra

ARTE

Richard Serra: “El mejor arte es intrínsecamente inútil”

El creador, conocido sobre todo por sus enormes esculturas de acero, expone sus dibujos en Róterdam. “Es un acto mucho más íntimo”, dice en esta charla

Richard Serra, retratado en 2014 en Nueva York.
Richard Serra, retratado en 2014 en Nueva York.

Richard Serra (San Francisco, 1938) dio con su “propia voz” tan pronto como a los “cinco o seis años”. “Mi madre traía de la carnicería unos enormes rollos de papel rosáceo que yo desplegaba sobre el asfalto de la calle para dibujar en ellos. Allá donde fuéramos, me presentaba como su hijo el artista”, recuerda. Aquello fue mucho antes de convertirse “no solo en el mejor escultor del siglo XXI, sino en el único realmente grande en activo”, según el célebre crítico australiano Robert Hughes. Y antes también de ser el poeta del acero y el vacío y el resto de eslóganes que encienden la imaginación de los cronistas. Si algo permanece inalterable casi 80 años después es su interés en el dibujo como disciplina autónoma e independiente. Nunca los usa como boceto para sus esculturas; para eso construye modelos a escala 1:50.
Al encuentro en el museo Boijmans Van Beuningen, de Róterdam, se presentó con un aspecto menos temible del que sus fotografías prometían: una gorra del Metropolitan le cubría la cabeza y las gafas de sol taparon durante toda la entrevista sus ojos claros. Le acompañaba su esposa, Clara, con la que reparte sus días entre Nueva York, Coney Island y Cape Breton, en la costa atlántica de Canadá. Ambos se sentaron para la entrevista en una de las salas de la exposición Richard Serra. Drawings 2015-2017, que reúne hasta el 24 de septiembre sus dibujos más recientes. Las series Rambles, Composites, Rifts y las últimas Rotterdam Horizontals y Verticals, concebidas ad hoc para la muestra, conforman un recorrido en el que las sutiles variaciones de blanco y negro van ganando en tamaño con efectos hipnóticos.
Para hablar de sus intenciones sin traicionarlas, Serra traía una cuartilla con un discurso anotado: “El dibujo es una actividad mucho más íntima que la escultura. La respuesta entre lo que haces y lo que obtienes con eso que haces gana en rapidez y tiene mucho más que ver con la conciencia de tus actos. Mis dibujos no imponen nada, ni pretenden ser una representación. No quiero que sirvan de metáfora, o evoquen algo preexistente. Su cometido es refutar el lenguaje sabiendo que eso es imposible; todo lo interpretamos a través de él. Es esa en definitiva la función última de la abstracción: desmentir las lecturas superficiales. Para mí, el dibujo es una rutina diaria, un sitio al que acudo en busca de alimento”.
'Rotterdam Vertical #10', dibujo de Richard Serra expuesto en el museo Boijmans.ampliar foto
'Rotterdam Vertical #10', dibujo de Richard Serra expuesto en el museo Boijmans.


Debido a ciertos achaques de salud, la dependencia se ha hecho más acuciante. “Por sus orígenes de clase obrera [es hijo del capataz de una fábrica de caramelos de ancestros mallorquines y de un ama de casa emigrada de Odessa], tiene una gran ética del trabajo”, explica el comisario de la muestra, Francesco Stocchi, conservador de arte moderno y contemporáneo del museo. “Necesita trabajar cada día, y eso, a su edad, solo se lo permite el dibujo”. Establecido el porqué, el artista añadió luego el cómo. Coloca materiales rugosos como resinas, pintura al pastel o tintas de silicona en “un trozo de madera razonablemente grande” que presiona sobre un papel. “A veces obtienes algo satisfactorio, y otras, no, no es posible saberlo hasta que liberas la presión”, aclara. El resultado guarda más relación de la aparente tanto con su trabajo escultórico como con su poética, que plasmó en la célebre Lista de verbos (1967-1968), que empezaba con “enrollar, arrugar, doblar, almacenar, inclinar, abreviar, retorcer” y continuaba hasta acumular 100 infinitivos.
El Boijmans puede presumir de una larga relación con Serra, que arrancó con la pieza Waxing Arcs, dos arcos de acero de 3,6 × 13,35 metros que se yerguen curvos en uno de los vestíbulos desde 1980. Entonces, él ya era conocido como un escultor que, tras aprender literatura inglesa con Aldous Huxley o Christopher Isherwood, estudiar a los muralistas mexicanos, a Brancusi o a Piero della Francesca y leer con devoción a trascendentalistas norteamericanos y existencialistas franceses (especialmente a Camus, cuyo ensayo El mito de Sísifocita en el catálogo de Róterdam), destacó como parte de aquella tribu del posminimalismo neoyorquino que se dedicó a repensar las formas, las actitudes y los materiales.
Llamó la atención por primera vez en 1968 en la galería de Leo Castelli con sus películas y con una pieza en la que arrojó plomo derretido a la pared. Cuando a finales de los setenta aterrizó en Holanda, país donde le veneran, lo mejor aún estaba por llegar. Su gran obra es, casi nadie lo duda (tampoco él), La materia del tiempo, ocho gigantescas esferas, espirales y elipsis de acero que suponen algo así como el final de su viaje al espacio y ocupan desde 2005 una emblemática galería del Guggenheim Bilbao, proyectado por Frank Gehry. Serra participó con la pieza central de ese conjunto, Serpiente, en la muestra inaugural del museo, que cumplirá 20 años en octubre. “Entonces hubo cierta resistencia a mi trabajo. Después de la primera muestra temporal probaron con otras exposiciones. Pusieron motos o zapatos; aquellos eran los años en los que [el director de la fundación neoyorquina] Tom Krens quería reventar la taquilla a toda costa… Al final se dieron cuenta de que era un espacio muy difícil de doblegar. Y me llamaron. Acepté con la condición de mantener un solo lenguaje, que aquello pudiera leerse como una única pieza. Bilbao ha cambiado mucho desde entonces. Diría que el éxito le ha restado carácter”.
¿Dónde creo que acabó la pieza del Reina que perdieron en Madrid? Probablemente, vendieron el material para hacer maquinillas de afeitar

Su fascinación por el acero viene de lejos. Mientras estudiaba Arte en Yale se mantuvo trabajando en una planta de procesamiento del metal pesado y uno de sus más tempranos y perdurables recuerdos lo nutre una visita a los cuatro años a la Marina de San Francisco en la que quedó “maravillado al ver cómo se movían esas grandes masas de un lugar a otro”. Y a eso en cierta manera se ha dedicado: “A aplicar por fin los avances de la Revolución Industrial en el tratamiento del acero en el arte” y a tratar asuntos como el “potencial gravitacional, el peso, la densidad y el equilibrio” con obras de decenas de toneladas. 
Su relación con el arte público, hábitat natural de estas, no siempre ha sido fácil. Aún recuerda con amargura cómo la burocracia acabó por derribar su pieza Titled Arc (1981), instalada en el Bajo Manhattan, tras ocho años de controversia. O cuando recompró dos de sus esculturas instaladas en un parque bilbaíno al saber que iban a subastarse. Aquello se interpretó como otra de sus objeciones al mercado. “Es innegable que todos estamos metidos en él. El problema es que lo domina todo. Cada generación tiene lo que merece, y la actual parece encantada con los grandes negocios. Es más difícil que nunca para un artista decir que no. Todo se estropeó en los ochenta, cuando los creadores empezaron a mezclarse con los famosos. Venían de otro lugar, tenían otra educación; querían una parte más grande del pastel. Y la tuvieron”.
La más sonada de sus polémicas en España fue, con todo, la desaparición en algún punto entre 1992 y 2005 de un almacén de Madrid de Equal Parallel/Guernica-Bengasi (1986), propiedad del Reina Sofía, museo que hoy la expone en su colección permanente en una versión de 2007. “Me decanto por pensar que la vendieron para fabricar maquinillas de afeitar”, bromea.
“No creo en el arte civil”, añade, “ni en trabajar pensando en lo que la gente necesita de tu escultura. Eso implicaría moverse en algo tan voluble como el consenso, y los buenos artistas son los que obedecen solo a sus instintos. El mejor arte es intrínsecamente inútil, y cuanto más inútil, mejor resistirá al tiempo”. Precisamente por su utilidad “propagandística” no le interesa el arte político, aunque sus prácticas no se libren de las lecturas políticas. Uno de los últimos hitos de su carrera fue la instalación en 2014 de cuatro monolitos en el desierto de Qatar. A la pregunta de si le creó un conflicto aceptar el encargo de la Autoridad de los Museos del Estado árabe, a la que se suele atribuir un papel determinante en la distorsión del mercado a base de romper límites de lo que pueden llegar a pagar para atraer a los grandes nombres, Serra respondió: “Cuando acepté, desconocía la situación del país. Simplemente llegué y vi que las condiciones para desarrollar el proyecto eran óptimas. Hay ciertos lugares en los que no trabajaría [‘Arabia Saudí’, apunta su esposa], aunque no veo mucha diferencia entre los cataríes y los grandes coleccionistas de EE UU”.
Un par de semanas después del encuentro, el artista envió un correo electrónico para redondear su explicación y hacer justicia así a su fama de escultor también de sus propias ideas. “Tras darle vueltas a nuestra conversación en Róterdam, deseo apuntar lo siguiente: hay dos posiciones que un artista puede tomar; comprometerse políticamente o responder a sus propias necesidades internas. Ambas opciones estaban claramente representadas por Sartre y Adorno. El primero emprendió el camino de la política, Adorno apostó por articular individualmente su propia estética, divorciada de la ideología, en algo que entendía como una forma de resistencia política. Yo siempre me he inclinado por la opción de Adorno”.


lunes, 24 de julio de 2017

Sobre el coche eléctrico


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Fernando Pina carga su coche eléctrico en Madrid. EDP

Los usuarios de coches eléctricos reclaman una red de puntos de carga rápida en carretera
España cuenta con 260 puestos frente a los 800 de Francia y a los 2.300 de Reino Unido 


Fernando Pina carga su coche eléctrico en Madrid.
La alternativa a los coches de combustibles fósiles ya es el presente. Las ventas de vehículos eléctricos crecieron en España un 49,4% en 2016, según un informe de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles Turismos y Camiones (Anfac). Aunque solo hay unas 21.400 unidades en circulación, frente a los casi 28,5 millones de motores diésel y de gasolina, el cambio de tendencia es cada vez más claro. Sin embargo, los usuarios se quejan de que la infraestructura es insuficiente. España cuenta solo con unos 260 puntos de carga rápida, los que permiten disponer del 80% de la batería en 20 minutos, cuando habitualmente se tarda horas. 
En el resto de Europa van varios pasos por delante. Francia, un país que acaba de anunciar que dejará de vender coches de gasolina y diésel en 2040, tiene unos 800 puntos de este tipo. Una cifra superada por los más de 2.300 puestos de Reino Unido, donde el parque de eléctricos supera las 104.000 unidades — unos 22 puntos por cada 1.000 vehículos, muy lejos de los 12 por cada 1.000 de España.




Para poder viajar sin la preocupación por quedarse sin batería sería necesario un punto cada 50 kilómetros, según calcula Salvador Ejarque, delegado en Barcelona de laAsociación de Usuarios de Vehículos Eléctricos (AUVE). “Estamos luchando para ampliar la red, sobre todo en carreteras interurbanas. En ciudad los trayectos son más cortos y una carga durante la noche suele ser suficiente para cubrirlos”, comenta. En junio de 2016 la Generalitat de Cataluña aprobó un plan de inversión de 5,8 millones que incluía la instalación de 81 nuevos puestos de carga rápida en tres años. En todos ellos, el usuario no paga por la energía, ya que se quiere fomentar su uso. Ejarque califica la iniciativa como un “avance positivo”, pero recuerda que, para que se consolide el cambio de modelo, este tipo de infraestructura debería implementarse por igual en todo el Estado. En la Comunidad de Madrid se puso en marcha en junio la Mesa de la Movilidad Eléctrica, un grupo de trabajo formado por políticos y representantes del sector que también busca desarrollar una red autonómica de puestos de carga subvencionados con dinero público. En Baleares, donde cada vez se hace más necesario compatibilizar el auge del turismo con la preservación del medio ambiente, desde 2015 se han invertido 1,5 millones de euros en la creación de una red de 250 puntos de carga semirrápida, que permite llenar la batería en dos horas.  "A partir de 2018 subvencionaremos la instalación de carga rápida, aunque para la gestión de los puestos queremos contar también con inversión privada", explica Joan Groizarb, director general de Energía y Cambio Climático del Gobierno balear.




Tipos de carga para vehículos eléctricos.ampliar foto
Tipos de carga para vehículos eléctricos. 


Mientras la zona del Mediterráneo comienza a ofrecer más instalaciones, el oeste de la península sufre todavía una gran deficiencia, según asegura Fernando Pina, delegado en Madrid de AUVE. “Si no conduces un Tesla [un eléctrico de alta gama con autonomía superior a los 400 kilómetros] los viajes largos siguen siendo una aventura. Tienes que planear cada parada al detalle para evitar quedarte sin batería”, comenta Pina. Arturo Pérez de Lucía, presidente de la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico (AEDIVE), asegura que, aunque aún queda mucho por hacer, la falta de infraestructura no debe convertirse en una excusa para no pasarse al eléctrico. Para él, la clave de la movilidad eléctrica está en los puntos de carga que los propios particulares instalan en sus plazas de garaje y que permiten que la batería se llene por completo durante la noche. “Ya contamos con la infraestructura suficiente como para cubrir la mayor parte de nuestras necesidades de desplazamiento. A lo que se une que el mercado está muy cerca de ofrecer autonomías superiores a los 400 kilómetros en modelos de gama media”. El lugar de instalación de la red es otro de los retos a los que se enfrentan las grandes ciudades. El Ayuntamiento de Madrid se ha comprometido a instalar 15 puntos de carga rápida y semirrápida para 2020, y ha empezado a optar por ubicarlos en los aparcamientos municipales. El primero de estos nuevos puntos se encuentra en el parking de Jacinto Benavente (distrito Centro). El usuario paga 50 céntimos por estacionar media hora, pero la carga le sale gratis. En 2025, los modelos de gasolina que tengan más de 25 años y los diésel con más de 14 ya no podrán circular por Madrid.
Una regulación “ambigua” de los gestores de carga
Desde AEDIVE apuntan que la manera en la que está regulada la figura del gestor de carga en España es "demasiado ambigua". Para poder poner una instalación (las de carga rápida tienen un coste aproximado de 45.000 euros), y cobrar por la energía, es necesario que en los estatutos de la empresa se especifique que entre sus actividades está la de comprar y vender energía. Esto hace que compañías que podrían estar interesadas en invertir no lo hagan porque, de no cumplir con este requisito, estarían obligadas a regalar la carga. El “alto coste” de la energía en España tampoco anima a la inversión, según comenta Carlos Carmona, director de la empresa de gestión de cargas GIC. Un punto de carga rápida (a partir de 40kW) conlleva un gasto anual de 4.000 euros y, debido al escaso número de usuarios, hasta ahora resultaba difícil de rentabilizar. Sin embargo, esto no ha impedido que nuevos actores pasen a formar parte del juego. A finales de junio se inauguró en La Granja (Segovia) una electrolinera que obtiene la energía de paneles fotovoltaicos. La estación, que según la empresa que la gestiona no estará operativa por cuestiones técnicas hasta septiembre, tiene capacidad para cargar las baterías de seis vehículos en una hora. Este tipo de iniciativas sirven como preparación para un escenario que, según un informe del centro de estudios Bloomberg New Energy Finance, está más cerca de lo esperado. La entidad prevé que en 2040 el 54% de las ventas de coches nuevos y el 33% de la flota global serán eléctricos. El punto de no retorno se producirá entre 2025 y 2030, cuando este tipo de vehículos empiece a ser económico para la mayor parte de los bolsillos sin estar subvencionado. Esto, apuntan, siempre y cuando se resuelva el problema de la infraestructura de carga. 
300 EUROS DE AHORRO AL MES GRACIAS AL TAXI ELÉCTRICO




Rodríguez en la 'metrolinera'.
Rodríguez en la 'metrolinera'. 

Tras 12 años como taxista, en abril de 2015 Jose Luis Rodríguez Mejías decidió cambiar su antiguo coche por uno eléctrico, motivado por el ahorro que le proporcionaba y la posibilidad de circular sin emitir partículas contaminantes. No se arrepiente del cambio, pero define la experiencia, sobre todo al principio, como “una gymkhana en un pantano de arenas movedizas”.
Rodríguez asegura que tuvo que superar obstáculos como la primera negativa del propietario de la plaza del garaje que alquilaba a que instalase allí su punto de carga. Terminó cediendo, pero le costó un par de meses y una amenaza de denuncia. Además, con el paso de los años la batería se ha ido deteriorando y ha perdido algo de autonomía. Si empezó teniendo unos 160 kilómetros, ahora apenas alcanza los 100.
El lado bueno, que para él prevalece sobre lo demás, es que, tras recibir subvenciones estatales, autonómicas y municipales, acabó pagando solo 8.500 euros de los 30.000 euros que costaba el coche inicialmente. Hasta mediados de octubre de 2017 el Estado concede una subvención de 5.500 euros para la compra de vehículos eléctricos e híbridos enchufables y 1.000 euros para la instalación del punto de carga a través del plan MOVEA.
Rodríguez recorre unos 200 kilómetros al día  y asegura que le basta con salir con la batería totalmente cargada de casa y hacer una carga rápida, de 20 minutos, durante el día. Para ello suele recurrir a un enclave bastante popular de la calle de Doctor Esquerdo, 62, conocido como la metrolinera, ya que se nutre de la energía sobrante de la frenada de los trenes. Al mes ahorra 300 euros en carburante.