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viernes, 11 de noviembre de 2016

Centenario y Memoria

BUERO: UN HOMENAJE INCOMPLETO.

El Foro por la Memoria pide un reconocimiento público del compromiso democrático  de Buero Vallejo.

En el Reformatorio de Adultos de Ocaña. 1945..jpg

FMGU.- 23/09/2016.-  En este año 2016, en que se cumplen 100 años del nacimiento del dramaturgo alcarreño Antonio Buero Vallejo, estamos asistiendo a un merecido homenaje a esta importante figura en la ciudad que le vio nacer, Guadalajara.
Sin embargo, desde el Foro por la Memoria queremos hacer una serie de consideraciones, a tenor de la programación elegida y el cariz observado en algunos aspectos del homenaje.
Los escaparates y fachadas de comercios de nuestra ciudad se han visto engalanados con frases extraídas de textos y obras de Antonio Buero Vallejo, algo que sin duda hace al autor alcarreño presente en el corazón dela ciudad.  Exposiciones de sus pinturas, representación de sus obras, (pocas, por cierto), y otras actividades están previstas en el homenaje, pero todavía queda, desde nuestro punto de vista, algo importantísimo por hacer y que va más allá de su figura y nos habla de todos nosotros como sociedad democrática.
LA DEUDA QUE TODAVÍA TENEMOS CON BUERO VALLEJO
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11 de abril de 1942. Penal de El Dueso. La comuna de la celda 142. De izquierda a derecha: Antonio Buero, Matías Pérez Batanero, Luis Guerra, Isidoro Martínez Pérez. Foto: Herederos de Antonio Buero Vallejo.
Desde el Foro por la Memoria queremos recordar que existe todavía una deuda que los demócratas de Guadalajara tenemos para con el ilustre autor arriacense:   el reconocimiento colectivo y público de Buero como ejemplo de compromiso democrático y antifranquista;  Un compromiso que le llevó a participar como sanitario en el ejército republicano durante la guerra civil y a formar parte de la primera clandestinidad activa contra la dictadura. Un compromiso político que le llevó a campos de concentración y a su paso por varias cárceles, a ser condenado a pena de muerte y, tras serle conmutada, a cumplir 6 años y medio de prisión en las peores condiciones posibles. Un compromiso que Antonio Buero Vallejo mantuvo vivo durante toda su vida y que además imprime en todos sus textos, sus personajes, sus creaciones.
Con esta grave ausencia en la conmemoración nos encontramos ante la misma lamentable situación a la que ya asistimos en el año 2013, cuando se conmemoró el centenario de quien fue uno de sus mejores amigos: el poeta Ramón de Garciasol, Entonces, como ahora, asistimos a un homenaje mutilado e incompleto. (Véase nuestro artículo de entonces denunciando este hecho: La memoria mutilada de Ramón de Garciasol)
Los actos organizados por el equipo de gobierno municipal de homenaje a Buero Vallejo han olvidado este aspecto esencial y desde el Foro consideramos que esa deuda no se salda con un panel o algunos de los dibujos de Buero de la cárcel colocados en la exposición sobre su obra artística inaugurada hace unos días. Los poderes públicos tienen obligaciones morales y políticas con quienes se sacrificaron por las libertades de todos cuando hacerlo era ilegal y exigía sacrificio y entrega. La exposición sobre su obra plástica es correcta y cumple su función. Referencias a su compromiso político inevitablemente serán objeto de debate en la mesa redonda prevista en torno a su vida, pero creemos que la deuda que los demócratas tenemos para con Buero hubiera exigido un espacio y un acto de homenaje específico y, sobre todo, institucional. Es una deuda con Buero y que a través de Buero, para con toda una generación de alcarreños que como él sufrieron la dictadura y la represión por tener el coraje moral de saber resistir. Recordemos que según datos recogidos por esta asociación, entre 1939 y 1944, fueron represaliadas 7269 personas nacidas o residentes en la provincia, lo que representaba un 4,3% de la población provincial de 1940. (Datos recogidos por el Foro por la Memoria en las propias sentencias judiciales y que ya forman parte del proyecto “Victimas de la dictadura”, de la Facultad de Humanidades de la UCLM.
Resulta alentador que entre las autoridades públicas que participan en el homenaje a Buero Vallejo, (creemos que en parte obligadas ante el imperativo generado por el propio aniversario), existan incluso descendientes de algunos de los golpistas más destacados en nuestra ciudad en aquel lejano 1936, y sin duda lo celebraríamos como una prueba efectiva de la tan necesaria reconciliación y normalización democrática, si no fuera por el hecho de que en el homenaje Institucional a Buero se ha excluido creemos que conscientemente, cualquier referente público a su compromiso antifascista y a su condición de resistente de la dictadura.
EL BUERO AUTOR, RECONOCIDO. EL BUERO RESISTENTE, IGNORADO.
Gracias a su brillante carrera e indudable valor artístico, se puede afirmar que incluso en los peores años de la dictadura, en medio de un desolador panorama cultural, Buero Vallejo destacó por su valor como autor y gracias a ello fue aceptado, reconocido y hasta admirado en ciertos ámbitos culturales de nuestra ciudad, como lo fue siempre en el seno del grupo de teatro Antorcha TCE. Pero no olvidemos que Buero y los que como él lucharon contra la dictadura, vivieron siempre estigmatizados y el propio autor alcarreño incluso fue perpetuamente investigado y censurado debido a su continuado compromiso democrático. Un compromiso que nosotros queremos resaltar y que como decimos está totalmente ausente en las celebraciones.
Nos encontramos por tanto ante el hecho de que los mismos que se niegan a condenar la dictadura de modo efectivo en las instituciones, a retirar los nombres golpistas de nuestras calles incumpliendo no sólo leyes de ámbito nacional sino el mandato del pleno municipal, aquellos que se niegan a homenajear a las víctimas de la dictadura, se dedican ahora a homenajear hipócritamente a Antonio Buero Vallejo, pero sólo por ser autor de renombre y por ser nacido en nuestra ciudad, aunque para poder hacerlo ha sido necesario que el autor arriacense haya sido despojado de la esencia de su ideología, censurado su compromiso político, manipulada su figura e ignorada su memoria política y de lucha . Los resistentes no tienen derecho alguno de reconocimiento por el hecho de haberlo sido a lo que parece.
Ignorar el  ejemplo democrático de Antonio Buero Vallejo es literalmente vaciar de contenido una parte fundamental de su figura y sinceramente, creemos que es aprovecharse de su nombre. Es como si, por ejemplo,  en Turín se hiciera un homenaje al escritor y científico Primo Levi, y su condición de resistente y paso por el campo de Concentración de Auschwitz y su denuncia del Holocausto fueran eludidos o se limitaran a una simple anécdota más citada en su biografía y despachada con un par de líneas.
No existía un Buero escritor y un Buero político. Ambas eran la misma persona y ambos son inseparables, pues la denuncia de la injusticia, de la tortura, de la dictadura, se encuentran como decimos impregnadas en toda su obra, en sus textos y en la voz de sus personajes. Y fue sólo gracias a su maestría como escritor que pudo estrenarlas sorteando hábilmente la censura, pues Buero creía y ha sido definido por sus estudiosos como un autor “posibilísta”, un concepto que Buero aceptaba, pero que entendía no como una “acomodación” al sistema, a la dictadura o a la realidad, sino por el contrario, como la manera de aprovechar cualquier resquicio legal que permitiera sortear la censura y denunciar la tragedia que veía a su alrededor. Buero se mantenía en el “posibilísmo”, pero bordeando “lo imposible”, como él mismo cita en una de sus entrevistas.  En sus obras, a pesar de su aparente pesimismo, dejaba siempre entrever un hilo de esperanza. Gracias a ello tuvieron cierto impacto social incluso en la primera época de la dictadura. Siempre buscó en sus obras una respuesta moral y una más o menos velada condena política mostrando una continua actitud crítica ante el poder.
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“La hora del rancho en El Dueso” (1941) Dibujo de Antonio Buero Vallejo realizado en la cárcel. BNE
Antonio Buero nunca se negó a colaborar allí donde hiciera falta firmando numerosos escritos colectivos de intelectuales y denunciando la censura, la falta de libertades, e incluso los excesos y torturas policiales, y no sólo en sus obras teatrales, sino en documentos colectivos de denuncia. Y lo hizo valientemente en pleno franquismo cuando algunos de los que ahora mutilan esta parte fundamental de su pasado vivían “plácidamente”. Entre los actos y demostraciones públicas de su actividad, y según su propio dossier del Gabinete de Enlace del Ministerio de Información y Turismo (AGA. 42.08804,03),  Antonio Buero Vallejo participó entre otras en las siguientes denuncias públicas contra la dictadura, que fueron objeto de seguimiento por el control que sobre su proceder llevaba la tristemente célebre Brigada Político Social:
–       Carta pública al Ministro de Información Manuel Fraga contra la censura gubernativa. (noviembre de 1960).
–       Conferencia pro-amnistía de  los presos y exiliados políticos españoles. (Paris marzo 1961).
–       Carta colectiva dirigida a Manuel Fraga y otras autoridades, pidiendo que informe en los medios sobre las huelgas contra la dictadura, y en contra de los “medios autoritarios”,
–       Carta colectiva del 4 de julio de 1963,  dirigida a Manuel Fraga, protestando por la muerte del detenido Manuel Moreno Barranco en la cárcel de Jerez de la Frontera.
–       Denuncia de malos tratos policiales en 1963 contra huelguistas en Sama de Langreo.
–       Homenaje en el sepelio del general republicano Vicente Rojo Lluch. 1966
Relacion que es, en realidad,  mucho más amplia y que alcanza incluso los primeros pasos de la democracia.
En fecha tan tardía como 1976, sus obras eran todavía sometidas a censura por el Ministerio de Información y Turismo,  y a pesar de la enorme habilidad del autor para sortear la censura, alguna de ellas fue prohibida , como lo fue su adaptación de “El Puente”, o su obra “Aventura en lo gris”, y que sólo logró estrenar tras modificar su texto.
El caso más notorio quizás fue el de “La doble historia del doctor Valmy”, obra que denuncia la tortura y que Buero pretendió estrenar ya en 1964 (recordemos, un año después del asesinato de Julián Grimau). La obra, tras recorrer infinitos despachos oficiales y diversas censuras y negativas y ser prohibida, tuvo que ser publicada previamente en varias revistas teatrales estadounidenses y estrenada finalmente en 1968 en idioma inglés. “La doble historia del doctor Valmy” pudo recorrer varios países, como una denuncia de lo que pasaba en España y sólo pudo estrenarse en nuestro país en 1976 tras ser eliminadas de su texto varias frases. En primer lugar cambiando el nombre de sus personajes, pues el “doctor Valmy”, iba a llamarse “doctor Barga”, y Buero tuvo que cambiarlo porque, claro a juzgar de sus censores, “parece español” y eso había que evitarlo. El informe del Ministerio de Información tras su estreno en 1976 es una prueba fehaciente de que la dictadura no murió en 1975, sino que coleó todavía bastante tiempo más. Titulado “campaña teatral contra la policía”, el texto critica el intento de Buero de denunciar la tortura y el hecho de que se describa claramente que en la policía político-social había “verdugos y torturadores”. Lo que Buero hacía no era otra cosa más que reflejar la realidad de la época y que muchos demócratas, sindicalistas, anfifranquístas, sufrieron literalmente en sus carnes.
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Estreno de “La doble historia del doctor Valmy” ARCM

Paulus: No le quite las esposas.
Luigi: Hágame caso, jefe, la bañera y la corriente a un tiempo. Eso ya no lo aguanta.
Paulus: ¿Qué te crees imbécil? ¿Que ya no hay nada peor? Te engañas. Ya no eres más que un guiñapo. Y a los guiñapos se les hace trizas.
(“La doble historia del doctor Valmy”. Antonio Buero Vallejo)

En 1977 participó en varios actos públicos y manifestaciones a favor de las libertades democráticas, en actos a favor de la amnistía de los presos políticos e incluso pintó en un mural su famoso retrato de Miguel Hernández realizado en 1940 en la cárcel de Toreno. En 1980, Buero participó, junto con numerosos intelectuales en la “Tribuna Popular por los Derechos Democráticos en la Constitución”, manifiesto impulsado por la ORT y presidido por Paquita Sauquillo, entonces militante de ese partido. En 1986 asistió al homenaje público a las Brigadas Internacionales, celebrado en el Palacio de Congresos de la Castellana y allí al reconocerle, varios alcarreños fuimos a saludarle, cosa que él agradeció. La lista de sus actividades políticas seria enorme y no podemos ponerla aquí en su totalidad pues entre otras cosas, Antonio Buero Vallejo era consciente de vivir en un exilio interior y era discreto en la medida de sus posibilidades, pues era un personaje público y bien conocido, pero nunca ocultó su ideología. Creemos que todo esto debe ser recordado.
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Buero reproduce en un mural su famoso retrato a Miguel Hernández en un homenaje de 1976. Foto: Biblioteca Virtual Cervantes.
Es necesario recordar también, que el Instituto Nacional de Bachillerato “Buero Vallejo” de Guadalajara, se denominó INB “Mixto nº 2”, hasta 1984, pues aunque el claustro de profesores solicitó poner el nombre del autor alcarreño a su instituto, y el informe del cambio de nombre se aprobó por unanimidad también en el ayuntamiento, una parte de la asociación de padres de alumnos vetó indirectamente la denominación y bloqueó en la práctica el cambio, usando para ello un silencio administrativo.
En 1983 se reinició el proceso de cambio de nombre a iniciativa de quien había sido uno de sus principales impulsores en 1979, pues por aquel entonces había sido el director de este instituto, Angel Luis Abós. En esta segunda y definitiva solicitud de 1983, el cambio se pudo producir gracias a que se había cambiado el reglamento correspondiente y el cambio de nombre fue finalmente publicado en el BOE del 23 de diciembre de 1983, siendo director General de Enseñanzas Medias José Segovia, y el propio Angel Luis Abós, director Provincial de Educación. Casi un año después, en noviembre de 1984, Antonio Buero Vallejo acudió por fin al instituto que llevaba su nombre, siendo director del mismo Teodoro Alonso y alcalde, Javier de Irizar. Los alumnos y profesores del instituto pudieron comprobar en persona su valía personal e intelectual. Buero agradecía el gesto y reconocimiento, aunque era un hombre muy modesto que no buscaba homenajes.
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Octubre de 1984.- Buero Vallejo, visitando el Instituto, que (por fin) llevaba su nombre. Foto: Prensa Alcarreña
Posteriormente, en 1991, con motivo del 75 aniversario del autor arriacense, siendo alcaldesa Blanca Calvo, tuvieron lugar en nuestra ciudad una serie de actos y representaciones teatrales recordado su figura y su obra y se inauguró una placa conmemorativa en la casa donde nació en la calle Miguel Fluiters.
Muchos otros homenajes se han celebrado posteriormente en nuestra ciudad a favor de su ilustre hijo: Medallas de Oro de la Ciudad, de la Provincia y hasta de Castilla La Mancha, calle y Teatro con su nombre, inauguración de bustos y otros homenajes, algo que le honra a él y nos honra a todos, pero estos citados más arriba fueron los primeros actos Institucionales en nuestra ciudad en su homenaje y es necesario reconocerlo. Pero la deuda pendiente de la ciudad con el compromiso democrático de nuestro afamado autor sigue sin ser saldada.
Como un sencillo gesto, el Foro por la Memoria de Guadalajara ha hecho entrega a Carlos Buero, hijo del autor, aprovechando su visita a Guadalajara en días pasados, de varios documentos sobre su padre, que son testimonio de su inequívoca lucha contra la dictadura franquista. Uno de ellos es un dossier que incluye su sentencia y todo su expediente carcelario, desde su detención e interrogatorios de 1939, hasta su puesta en libertad, en 1946.  El otro es un informe del llamado Gabinete de Enlace del Ministerio de Información y Turismo y contiene informes de miembros del Servicio de Información franquista, del ministerio que dirigía Manuel Fraga, que no lo olvidemos, se dedicaba a algo más que “inaugurar paradores”, sino que su principal ocupación era la censura política de todas las creaciones culturales y de los medios de prensa. En este informe encontramos hasta un seguimiento de sus movimientos, en pleno 1976. Así mismo, el Foro por la Memoria ha hecho entrega al hijo de Buero de un diploma simbólico en homenaje a su padre, centrado en su lucha por las libertades. Este diploma es similar a los más de 30 que el Foro ha entregado ya como una forma de reconocimiento institucional a los alcarreños que se enfrentaron al golpismo y la dictadura.
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Diploma simbólico entregado a Carlos Buero en reconocimiento al  compromiso antifranquista de su padre. El Foro ha entregado ya más de 30 a otros tantos antifascistas.
En resumen, consideramos que un homenaje institucional a Antonio Buero Vallejo que no incluya un reconocimiento específico por su compromiso democrático es sencillamente un homenaje incompleto. No basta con que su paso por prisión sea simplemente citado, sino que es necesario un acto público y un reconocimiento institucional que ponga en valor de un modo específica su lucha por las libertades y lo haga de una manera clara, completa e inequívoca.
Desde el Foro por la Memoria proponemos que se aproveche el aniversario y como sugerencia, el ayuntamiento ponga nombres de obras de Buero Vallejo a las calles dedicadas a golpistas y que el equipo de gobierno se niega vergonzantemente a modificar a pesar de que ello se aprobó en pleno municipal del 4 de septiembre de 2015.
Demandamos un acto público específico de reconocimiento institucional de su compromiso democrático y por las libertades, la petición pública de anulación de su sentencia y la de todos los luchadores contra la dictadura. Es de justicia.  Una sociedad democrática sana necesita referentes morales de compromiso con la libertad y Buero, el combatiente, Buero el resistente antifascista lo es sin ninguna duda. Al ocultar esa condición suya y referirse a él únicamente en su faceta artística y creativa lo que se pone de manifiesto son las carencias de la transición y el lamentable fracaso de la “reinserción democrática” de quienes apoyaron la dictadura y sus descendientes. En definitiva, la ausencia de un reconocimiento a su ejemplo antifascista y de compromiso democrático, de lo que nos habla es de lo endeble y frágil de nuestro actual sistema democrático, incapaz de reconocerse en él desde su perspectiva indudable de ciudadano comprometido con las libertades de todos hasta el punto de luchar por ellas, resistir a la dictadura y afrontar la cárcel y el exilio interior.

viernes, 23 de septiembre de 2016

CANCIONES DE UN SIGLO

Vídeo de no face no name no number traffic youtube Steve Winwood

Resultados de la búsqueda

TRAFFIC:

"NO FACE NO NAME NO NUMBER" (1967)


 https://www.youtube.com/watch?v=c5PQOk1zfQ0


1.       SPENCER DAVIS GROUP Keep on running (1965)

2.       SPENCER DAVIS GROUP Gimme some lovin’ (1966)
3.       SPENCER DAVIS GROUP I’m a man (1967)
4.       SPENCER DAVIS GROUP Waltz for Lumumba (1967)
5.       TRAFFIC Smiling phases (1967)
6.       TRAFFIC Coloured rain (1967)
7.       TRAFFIC No face, no name, no number (1967)
8.       TRAFFIC Forty thousand headmen (1968)
9.       BLIND FAITH Well all right (1969)
10.   BLIND FAITH Presence of the lord (1969)
11.   STEVE WINWOOD Night train (1980)
12.   STEVE WINWOOD Spanish dancer 2010 (2010)
13.   STEVE WINWOOD Different light (2003)
14.   STEVE WINWOOD Why can’t we live together (2004)
15.   TRAFFIC Mozambique (1994)

sábado, 27 de agosto de 2016

lunes, 22 de agosto de 2016

Tokio 2020


HOMO ANTECESSOR Toots Thielemas

Muere Toots Thielemans, armonicista y leyenda del jazz, a los 94 años

El músico fallece a los 94 años en un hospital de su Bruselas natal. Colaboró con maestros del género como Charlie Parker o Ella Fitzgerald


La leyenda belga del jazz Toots Thielemas ha fallecido hoy a los 94 años, tras siete décadas de carrera como uno de los mejores armonicistas del mundo. El artista compuso y actuó junto con algunos de los principales nombres del jazz a nivel internacional.
Jean-Baptiste Frederic Isidore Thielemas, conocido comoToots, murió en su cama en un hospital de Bruselas esta mañana, como informó su mánager, Veerle Van de Poel, a la agencia AFP.
Nacido en 1922 en el distrito obrero de Les Marolles, en Bruselas, Thielemas alcanzó la fama cuando se juntó con Benny Goodman en una gira por Europa en 1950, antes de mudarse a EE UU, donde colaboró con otros maestros del jazz,como Charlie Parker y Ella Fitzgerald, entre otros.

Un verso del Infierno de Dante, "Che fece viltate il gran rifiuto" ("(aquel) que hizo, por cobardía, la gran renuncia") sirvió a Kavafis para titular uno de sus más hermosos y desoladores poemas: "A algunos hombres les llega un día / en que deben el gran Sí o el gran No pronunciar. / Pronto se revela quien tenía / listo el Sí: y al pronunciarlo avanza / en sus convicciones y en su honor. Quien dijo No, no se arrepiente. Si otra vez le preguntaran, / no, diría de nuevo. Y sin embargo, aquel no -legítimo- / le abate el resto de su vida".
El poeta nos venía a recordar que hacernos mayores es saber decidir, también para equivocarse. Porque hay que decidir. Bien lo sabemos. Con los años y las despedidas todos hemos aprendido que la vida se parece muy poco a las discusiones escolares. En el colegio podíamos sentenciar sobre el aborto, la guerra o la eutanasia sin sombra de duda, con la seguridad de que nuestras opiniones no comprometían el curso de nuestros días por venir.
Por supuesto, no tardamos en darnos cuenta de que la vida se parecía poco a la escuela. Sí, iba en serio. Nunca escogíamos el guión y nada resultaba gratis. Las preguntas nos llegaban sin avisar y, desprevenidos, apenas teníamos tiempo para meditar una respuesta que, aunque improvisada, nos precipitaba en biografías irreversibles. Al final, también ahora, sarmentosos de historia acumulada, descubríamos que, a tientas y sin mucho trazo, habíamos sedimentado eso que a veces se da en llamar un carácter. No sin angustia comenzábamos a preguntarnos si no estábamos del lado malo de aquella sutil distinción de Cernuda entre quienes imponen a la vida dirección y sentido y quienes dejan que la vida los viva. A esas alturas, con un poco de suerte, los más afortunados ya empezábamos a saber decir que no, a entender que no todo es siempre posible.
Sin embargo, en algún perdido recodo de nuestro cerebro sobrevive el adolescente improvisador de respuestas. Y lo que es peor, esa área parece estar en conexión directa con otra que tiene que ver con las decisiones acerca de la vida de todos. En nuestro comportamiento político no parece regir el principio de consistencia. Pedimos subvenciones y nos quejamos de los impuestos, defendemos Kioto mientras, en verano, mantenemos nuestras casas a temperaturas polares, nos proclamamos cosmopolitas pero miramos con desconfianza al inmigrante convertido en vecino. Hemos descubierto la posibilidad de ser irresponsables.
Cierto es que a veces la vida nos emplaza. En las sociedades opulentas, cimentadas en la superstición de que el bienestar es inevitable, de que el mañana es como el ayer mejorado, pasa poco. Pero pasa. Por ejemplo, en el País Vasco, quienes creen en la ley que asegura la libertad de todos tienen vetadas las opiniones escolares. Para ellos, mantener una opinión política equivale, inmediatamente, a elegir una vida en la que se renuncia a muchas cosas por no renunciar a la dignidad.
Es la excepción. Lo común es otra cosa. La apatía, el desinterés, la cabeza bajo el ala, la reclamación sin razones. Tan asumido lo tenemos, que hemos diseñado nuestras instituciones políticas para funcionar con material humano de la peor calidad. Lo importante es que, con sus votos, los ciudadanos, mezquinos o ignorantes, puedan identificar "como gobernantes a los hombres de mayor sabiduría y discernimiento y mayor virtud para perseguir el bien común", para decirlo con las palabras de uno de los inspiradores de la democracia americana. A través de las elecciones democráticas, el poder político, escribía Madison, acabaría por recaer en aquellos ciudadanos más excelentes, "que defienden a las gentes contra sus propios errores temporales y fantasías", "cuya sabiduría mejor pueda discernir los verdaderos intereses de la nación y cuyo patriotismo y amor a la justicia tenga menos probabilidades de ser sacrificado por consideraciones temporales de justicia". Los ciudadanos serán criaturas; pero los políticos, ellos sí, adultos.
Al menos eso creían los fundadores de las modernas democracias. Desde entonces para acá hemos podido comprobar que mecanismos electorales razonablemente pulcros y engrasados no impiden la selección de energúmenos, sinvergüenzas o lunáticos. Incluso disponemos de teorías que explican por qué son así las cosas, por qué nuestras elecciones no aseguran el gobierno de los mejores. Y es que con los políticos nos pasa como con los mecánicos, los abogados o los médicos, que no tenemos modo de asegurarnos que no nos dan gato por liebre. Si las cosas funcionan, no sabemos si es mérito suyo o el curso normal de los acontecimientos. Una política antiterrorista eficaz, que evita los atentados antes de que se produzcan, no hay modo de darla a conocer, de distinguirla de una dejadez afortunada. El político deshonesto alardeará de lo que es pura chiripa. Y el honrado no podrá exhibir su buen hacer. Los ciudadanos no se fían de quienes anticipan problemas, de quienes reclaman cambios para evitar las dificultades del porvenir. Los políticos, que lo saben, prefieren callarse: quienes señalan los problemas parece que los crean. Mejor ignorarlos, disimular, ir tirando. Todo antes que encararlos, que hacer propuestas que apunten a la raíz de los problemas, las que molestan a los poderosos, las que se interrogan sobre los tópicos políticos, las que reclaman modificaciones en el comportamiento de los votantes. Mejor marear la perdiz y compartir adolescencia con los ciudadanos.
Bien, hasta aquí la experiencia de todos. Pero me temo que en nuestro país hay un plus de adolescencia política. En algún lugar, Vázquez Montalbán se refería a una generación, la suya, que a los veinte años cumplió cuarenta y tardó otros veinte en cumplir cuarenta y uno. Sabía de qué hablaba. Por circunstancias diversas, relacionadas en su mayoría con los requerimientos psicológicos de la lucha contra la dictadura, esa generación, huérfana de experiencia política, se forjó intelectualmente en una elemental mitología saturada de grandes palabras que nada decían. La experiencia llegó más tarde, pero para entonces muchos ya no estaban a tiempo de aprovecharla. Cuesta apearse de la propia biografía. No sólo eso. La semilla estaba esparcida y germinó entre sus herederos.
Un trasiego de tópicos, de alegre trapicheo con palabras vacías de sentido, de chatarra retórica sin hueso argumental ha acabado por vetar los debates sobre los problemas de los ciudadanos, los de ahora y los que han de llegar. Esa vaguedad no guarda ninguna relación con la inevitable abstracción de los principios, de los ideales. En realidad, lo que se da en llamar ideario político es poco más que un pensamiento inercial sostenido en unas cuantas imprecisas intuiciones forjadas a los veinte años, que jamás se han vuelto a pensar, a mirar con limpieza. Al revés, la mayor parte del tiempo lo han empleado en parchearlo con otros remiendos no menos necesitados de zurcidos. Una vida consagrada a justificar la supuesta lucidez de la adolescencia. Y es que ya se sabe, lo dejó escrito Mallarmé: "Le sens trop précis rature/ ta vague literature". La precisión estropea los símbolos.
Esas disposiciones, cuando afectan a la vida propia, nunca llevan a nada bueno. Y aunque en ocasiones puedan ser divertidas, casi siempre resultan patéticas. En el peor de los casos, conducen a diversos trastornos que, normalmente, sólo pagan a los que tienen la desgracia de pasar por allí. Las cosas por lo común acaban ahí y no causan males mayores. Resulta otro cantar cuando la adolescencia perpetua afecta a la vida de todos. La experiencia del nuevo Estatuto de Cataluña es una muestra ejemplar de cómo jugando, jugando, las clases políticas nos enfilan en veredas con mal destino. Lo que comenzó, sin esperanza ni convencimiento, como un simple farol para romper alianzas políticas, desató un "y yo más que tú" hasta plasmarse en una suerte de carta a los reyes magos, en donde cada cual aspiraba a colgar sus buenos deseos, desde cómo se deben etiquetar los productos hasta la promoción de la natalidad. Después, cuando se mira el resultado final, incluso los protagonistas se espantan. Pero ya no hay retorno: tienen la vida empeñada y se la tienen que creer. Y así, algo que nunca ha interesado a nadie, nos deja, supuestamente, a las puertas del drama. Lo dijo bien temprano Maragall y lo han repetido una y otra vez varios de sus consellers, cada vez con palabras más cargadas. Una clase política encelada en el eco de su voz confunde su biografía con la historia. Lo malo es que está en sus manos la historia, la biografía de todos. Cabe entonces preguntarse si vale todo, si podemos digerir tan alegremente la irresponsabilidad política, esa que se disculpa con un "ya se sabe, maragalladas", como quien dice, "déjalo, son cosas de muchachos".
¿Qué hacer? No puede madurarse a golpes de voluntad. O al menos no de un modo sencillo. Desde luego, no en cosa de días. Entretanto, quizá no sea malo empezar por estrategias más modestas y accesibles. Por ejemplo, desinflar las palabras. Frente a Mallarmé, la dignidad de las palabras sencillas, que decía otro poeta.
EL PAÍS  8 OCT 2005
Félix Ovejero Lucas es profesor de Ética y Economía de la Universidad de Barcelona.

miércoles, 3 de agosto de 2016

DE REFRESCO

         Y... ¿DÓNDE ESTÁ WALLY?: